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Amoldarse, discernir y afrontar Empaquetar y retraerse
Determinación, paciencia, humildad y sencillez Las cualidades originales del alma
Donar virtudes Valores y virtudes
El factor invisible  
 
Amoldarse, discernir y afrontar
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Los poderes, las virtudes y los valores están fuertemente interconectados y se apoyan entre ellos a lo largo de la obra de la vida. Un poder dominante, por ejemplo, llama automáticamente a actuar a otros poderes o virtudes. Los valores subyacentes están generalmente a punto para ofrecer su ayuda. Todos estos poderes son esenciales en nuestro progreso espiritual y se han de practicar y desarrollar con constancia y paciencia. Algunos poderes incluyen:

EL PODER DE AMOLDARSE
Es la habilidad de adaptarse a la otra persona o situación, con la conciencia de obtener un beneficio de cada oportunidad. Si el ambiente es débil y negativo, el poder de amoldarse proporciona:

1) la habilidad de pulsar los “botones internos” correctos, a fin de no afectarse por la negatividad, y

2) dota de sabiduría para percibir con precisión lo que la otra persona o la situación requieren. Por ejemplo, si una persona se está muriendo de sed ante nosotros y tratamos de darle diamantes u oro, no los valorará tanto como un simple vaso de agua.


EL PODER DE DISCERNIR
Ayuda a distinguir la verdad real de la verdad aparente, entre lo que tiene valor temporal y lo que tiene valor eterno, entre lo superficial y lo sutil. Este poder ayuda a reconocer las trampas de la ilusión, sin importar lo bellamente decoradas y atractivas que sean. Mediante este poder vemos a través de los disfraces y actuamos con confianza y sabiduría.


EL PODER DE AFRONTAR
Da la valentía y la confianza para tratar con cualquier persona o situación. Nada aparece como un obstáculo. En lugar de ello se perciben los desafíos como escalones para aprender lecciones más profundas de la vida. Este poder ayuda a superar todo tipo de miedos, inseguridades y dudas, especialmente sobre nuestras propias habilidades.
 
 
Determinación, paciencia, humildad y sencillez
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La determinación es la fuerza que te permite superar la barrera de los pensamientos inútiles para crear pensamientos positivos y lograr el éxito en aquello que te propongas. Nace del interior y su compañera es la paciencia.

La paciencia te enseña a no empujar, sino a saber esperar y a apreciar el juego de la vida, sabiendo que nada permanece siempre igual, sino que todo, en un momento determinado cambia. Tu diálogo interno determina tu manera de ver el mundo.

Cuando te hablas con reproche y exigencia, estás creando un mundo de estrés y de dolor. Para estar en paz crea un diálogo amoroso contigo mismo, que permita despertar y expresar tus valores hacia el mundo exterior.

Vivir con sencillez es dar el mejor uso a aquello que tienes y desprenderte de aquello que no utilizas. Sencillez es reconocer la belleza en las cosas naturales de la vida, y no dejarse impresionar por aquello que más se ve.
Amar las cosas sencillas es humildad.

Significa respetar todo aquello que la vida te presenta.
Significa apreciar y valorar cada cosa en su medida.
Significa permanecer enfocado en la paz interior y no perder el bienestar personal.
 
 
Donar virtudes
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Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Y un ejemplo práctico es una imagen poderosa que inspira y motiva a los demás. Tal y como dijo Mahatma Gandhi: "Tenemos que ser el cambio que queremos ver en el mundo". Predicar con el ejemplo.

Para muchas personas, escuchar y aprender sobre valores y virtudes ya no funciona como factor de motivación. Es el ejemplo práctico de las personas que viven, respetan y expresan virtudes y valores elevados en sus vidas lo que de verdad puede actuar como una fuente de inspiración.

Podemos donar virtudes y cooperar con las virtudes. Cooperamos con nuestras virtudes especialmente en la acción, cuando interactuamos con los demás. Expresando nuestras virtudes en la práctica, en las palabras y acciones, podemos contribuir a crear un ambiente más armonioso en las relaciones y a conseguir mayor éxito en la tarea. Por ejemplo, si el ambiente que existe a nuestro alrededor es de tensión, mediante la virtud de la paz, con palabras dulces y serenas, con un comportamiento pacífico, ayudamos a compensar y equilibrar la situación.

Transmitimos esa virtud a aquellos que nos rodean y facilitamos así un ambiente más liviano y tranquilo, que a su vez repercute en el resultado de lo que estamos haciendo. Donamos virtudes cuando a través de nuestra compañía, palabras y acciones, ayudamos a que alguien conecte con aquella virtud que necesita en un momento dado. Por ejemplo, si alguien está desanimado y abatido, mediante la virtud del entusiasmo y la motivación, con nuestra energía viva y despierta, con nuestros buenos deseos, inspiramos a esa persona a ir más allá de sus pensamientos débiles y de su visión limitada y a abrirse a otras posibilidades y perspectivas mucho más constructivas. Esa persona, gracias a nuestra inspiración, empieza a conectar con su propio entusiasmo y motivación.


A un nivel más profundo y sutil, si desarrollamos concentración y estabilidad en la mente y el intelecto, podemos transmitir la experiencia de las virtudes a través del poder de nuestros pensamientos. Podemos hacer que alguien lejano físicamente experimente alguna virtud en particular. Por ejemplo, si sabemos que alguien está pasando un mal momento y está experimentando angustia e intranquilidad, desde nuestra práctica de meditación y silencio, podemos transmitir a esa alma buenos deseos y sentimientos y pensamientos puros y pacíficos. Cuanto más concentrados estemos, más clara será la experiencia para esa persona. Para comprobar este nivel de servicio mental es esencial dedicar tiempo a la práctica y la experiencia del silencio y la introversión.

Aún así, todo lo que podemos transmitir desde nuestro ser interno puede ser positivo pero en cierto modo es limitado. La verdadera donación de virtudes, de una manera interminable e ilimitada, se produce cuando aprendemos a conectar internamente con el Ser Supremo, la fuente eterna e inagotable de virtudes, el océano de la paz, el océano del amor y de todas las cualidades. Entonces no se trata sólo de mis recursos espirituales sino que me convierto en un canal ilimitado de aquella virtud que necesito en un momento dado. Por ejemplo, conectando con el Océano de la Paz, me convierto en un donador de paz constante y mi experiencia interna de paz se vuelve poderosa e ilimitada.


Para convertirnos en verdaderos servidores espirituales, es necesario tener la meta de convertirnos en personificaciones de las virtudes, y donar a todos el invalorable regalo de las virtudes.

 
El factor invisible
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Las cosas más poderosas son invisibles. Por ejemplo, las raíces de unárbol no se pueden ver; están bajo tierra, nutriendo silenciosamente elárbol visible. Una casa se sostiene gracias a sus cimientos, también en lo profundo de la tierra; si los cimientos son débiles, el edificio caerá cuando haya algún tipo de presión fuerte, como un terremoto. La esencia de la materia es el átomo; contiene una enorme cantidad de energía, pero no podemos verlo con nuestros ojos.

¿Podemos ver a Dios? Muchas personas han experimentado o sentido la presencia de Dios pero nadie le ha visto realmente. Sin embargo, millones de personas creen en ese Ser. De la misma forma, cuando se trata de conocer nuestro verdadero ser, nos preguntamos: “¿Cómo es el alma? ¿Dónde está situada?”. Un ser humano es alma y cuerpo, espíritu y materia, funcionando conjuntamente en cooperación. El cuerpo es como el hardware de un ordenador y la energía espiritual, el alma, es un chip diminuto de luz, en el que están registradas todas las cosas; el programa completo del alma está ahí. Cuando entramos en un silencio introspectivo, es en este chip de luz, que realmente es un punto de energía luminosa, donde podemos recordar y redescubrir.

El diminuto chip de luz invisible empieza a funcionar efectivamente cuando se conecta con su conciencia original y reactiva esas cualidades originales, que permiten al alma funcionar y expresarse de forma natural. La conexión se consigue mediante el poder del pensamiento concentrado.

A esto se denomina “conciencia del alma”. El proceso de experimentar la“conciencia del alma” se lleva a cabo en la meditación: juntando todos los pensamientos de la mente, creando un pensamiento concentrado y enfocándonos suavemente hacia el interior a fin de crear la conexión con el ser original, el alma.

Para dar esos primeros pasos de juntar los pensamientos, podemos usar la conciencia positiva de “yo soy”, o lo que llamamos conciencia de “Om Shanti”. “Om” quiere decir “yo soy”, con el significado profundo de que“yo soy un alma”. Con esta conciencia invocamos la experiencia de nuestra identidad espiritual original.

El alma tiene cinco cualidades primarias; podríamos decir que son los colores primarios de nuestra humanidad con los que pintar el cuadro de nuestras vidas. Éstos son:

Paz
Ésta es la cualidad original del alma. Paz es serenidad, el estado interior de no-violencial. En este estado de paz, armonizamos con todo y con todos a nuestro alrededor. La palabra “Shanti” significa paz, y éste es un pensamiento clave para experimentar en la meditación.


Pureza
Es un estado de honestidad y limpieza en el que somos lo mismo por dentro y por fuera, sin engañarnos a nosotros mismos ni a los demás. En consecuencia, no hay espacio para lo artificial. La pureza es el estado de verdad original en el que no se comete ninguna violencia hacia los demás, ni se puede perpetrar violencia alguna hacia uno mismo.


Amor
Quizás la cualidad original más difícil de conseguir, porque se ha mezclado mucho con el apego, la posesividad y la dependencia, hábitos profundamente arraigados que se han aceptado como normales. Debido a ello, es difícil comprender la forma verdadera del amor puro, que es incondicional. El amor espiritual verdadero nunca crea necesidad o dependencia, en la que los demás no pueden ser ellos mismos. El amor es el mayor poder y bendición en el Universo.


Conocimiento
Saber y ser lo que somos eterna y verdaderamente, y existir en esta conciencia, es lo que entendemos por conocimiento. No es saber acerca del alma, la paz, el amor, etc. sino que conocer es ser el alma, ser paz, ser amor. Reconocer y experimentar la conciencia original que existe más allá del falso ser o ego.


Felicidad
Es la expresión natural de la dicha de estar vivo e interactuar con los demás. La felicidad sólo es posible cuando expresamos lo que somos con respeto y compartimos con los demás lo que somos y lo que tenemos. Nos relacionamos con la naturaleza y con las personas y experimentamos la plenitud de la vida humana a través de las relaciones.
 
Empaquetar y retraerse
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Las fortalezas o poderes espirituales del ser son los verdaderos recursos que nos ayudan a mantener equilibrio en las situaciones que se nos presentan como una prueba o un desafío. Son estas capacidades internas nuestro verdadero soporte. Dos de las más relevantes, que hay que practicar y desarrollar con constancia y perseverancia, son el poder de empaquetar y el de retraerse e interiorizarse.

EL PODER DE EMPAQUETAR
Es la habilidad de dejar de lado todos los pensamientos inútiles en un momento, de forma que uno se sienta liviano y libre de las cargas y preocupaciones. Aunque tengamos muchas responsabilidades, dejamos de considerarlas como preocupaciones. Al ir a lo profundo del ser, nuestras preocupaciones por las actividades limitadas externas —del pasado, presente o futuro— se empaquetan por ese período de tiempo limitado, y experimentamos una nueva dimensión en forma de conciencia ilimitada.

EL PODER DE RETRAERSE
Es la habilidad de desapegar la mente de la situación actual manteniendo al mismo tiempo una conciencia completa. Retraerse de esta forma nos permite observar la escena desde una perspectiva objetiva. Tenemos un mayor control sobre nuestros pensamientos y comportamiento y podemos comprender mejor nuestras emociones, porque contemplamos la escena como lo haría una tercera persona o como lo haría un director.
 
 
Las cualidades originales del alma
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El alma tiene cinco cualidades primarias; podemos decir que son los colores primarios de nuestra humanidad con los cuales pintamos el cuadro de nuestras vidas. Son las siguientes:


Paz
Es la cualidad original del alma. Paz es serenidad, el estado interior personal de la no violencia. En este estado de paz, yo armonizo con todas las cosas y todas las personas que me rodean. La palabra “shanti” significa paz, y este pensamiento es el que usamos como paso clave en meditación.


Pureza
Un estado de sinceridad y limpieza donde yo soy lo mismo dentro y fuera, sin engañarme a mí mismo ni engañar a los demás. En consecuencia, no cabe artificialidad alguna. La pureza es el estado originario verdadero en el que no se comete ninguna violencia contra los demás, ni puede perpetrarse violencia en contra de mí. Cuando el yo está en su pureza originaria, los demás no pueden dañarlo ni destruirlo, aunque lo intenten, porque hay un aura natural de protección que actúa como barrera invisible. Cuando yo consigo este nivel de pureza, significa que respeto todas las cosas.


Amor
Quizás es la cualidad original más difícil de conseguir porque está muy mezclada con el apego, la posesión y la dependencia, vicios profundamente arraigados que son aceptados como algo normal. A consecuencia de ello, el ser humano encuentra difícil conseguir la verdadera forma del amor puro, que es incondicional. La cualidad de amor significa “cuido”, comparto y, en particular, libero. El amor espiritual nunca crea esa necesidad o dependencia en la que los demás no pueden encontrarse o ser ellos mismos. El amor es el poder y la bendición más grandes del Universo.


Conocimiento
Saber y ser lo que yo soy para siempre y de verdad, y existir en esa conciencia es lo que quiere decir conocimiento. No es saber cosas sobre el alma, la paz, el amor, etc., sino que más bien el saber es ser el alma, ser paz, ser amor. Esta cualidad del saber verdadero se expresa con el pensamiento “soy”, la conciencia original del yo que existe más allá del falso yo del ego.


Felicidad
La felicidad es la expresión natural de la alegría de estar vivo y interactuando con los demás. La felicidad es sólo posible cuando yo me relaciono conmigo mismo y expreso respetuosamente lo que yo soy y permito a los demás compartir lo que yo soy y lo que hago. Yo me relaciono con las personas y con la naturaleza y experimento la satisfacción de la vida humana a través de las relaciones. Cuando llegamos a ser conscientes de estas cinco cualidades primarias, poco a poco nos damos cuenta de que cada una de ellas tiene muchas características. Por ejemplo, entendemos que amor no se refiere sólo a un sentimiento especial hacia una o dos personas. El amor espiritual es mucho más grande; quiere decir respeto, tolerancia, perdón, compasión y flexibilidad; hay un sentimiento universal de pertenencia, una sinceridad de corazón, una generosidad de espíritu que lo abraza todo. Mediante la experiencia del silencio y la meditación nos abrimos a la experiencia de estas cualidades primarias, las reactivamos y así podemos expresarlas y potenciarlas en nuestras acciones, en la práctica. Se hacen entonces presentes y estables en nuestras vidas, llenándonos de su fragancia espiritual y permitiéndonos servir de forma elevada a los demás.

 
 
Valores y virtudes
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Solemos pensar que el mundo sería un lugar mucho más agradable si todos nos rigiéramos por valores humanos elevados y espirituales. Pero es muy poco lo que hacemos para ayudar al florecimiento de tales valores, ya sea en nuestro hogar, nuestra comunidad o nuestra sociedad.

El secreto para lograrlo es regir nuestra vida por los valores en que creemos, y hacerlo de tal modo que no sólo los valores hablen por sí mismos sino que también influencien a los demás. Veríamos entonces cómo todo parece cambiar mágicamente a medida que los valores enriquecen nuestras relaciones y aumenta nuestra capacidad para hacer que en nuestra vida y la de los demás sobrevengan cosas buenas.

De hecho, los valores sólo adquieren importancia cuando los hacemos nuestros conscientemente e intentamos vivir de acuerdo con ellos. De nada sirven si los mantenemos confinados en el mundo de las ilusiones, a la espera de tiempos mejores. Los valores son guías para la conducta y debemos dejar que arraiguen en nuestra mente, que florezcan en nuestro corazón y se expresen en nuestras acciones, hasta que pasen a ser parte constitutiva de nuestros pensamientos, nuestro ser y nuestra conducta.

A fuerza de poner en práctica un valor de un modo constante, éste se vuelve un hábito y acabamos por expresarlo espontáneamente sin que tengamos que sopesar antes los pros y los contras de tal conducta. Estos buenos hábitos son virtudes. Una virtud es una fuerza silenciosa que está llena de belleza, pero que tiene a la vez todo el poder de la verdad. Las virtudes nos colman el corazón y dan sustento a nuestra alma, de modo que nuestras acciones devienen obras de arte que confortan y nutren a los demás y dan significado a lo que somos y hacemos. Así como los valores son los componentes básicos de la virtud, el elemento guía de ésta es la pureza de la espiritualidad, una espiritualidad que nos induce a volver los ojos hacia nuestro mundo interior, a mirar más allá de lo físico para ver el alma y recordar que el Ser Supremo es la fuente de todas las virtudes.
 
 
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