Regresar a INICIO - www.bkumaris.org.ar/virtudes y cualidades.php
 
Links de Acceso directo
Belleza interna (I)
Belleza interna (II)
La belleza del silencio
 
Belleza interna (I)
volver
Para cultivar la belleza interna, primero hemos de aceptarla y después buscarla. Esto es un reto, puesto que tenemos dificultades en conocer nuestra propia naturaleza. Muchos de nosotros somos con frecuencia propensos a sentirnos heridos por un comentario fuera de tono pero tenemos dificultades en aceptar las cosas buenas que otros ven en nosotros.

Por ejemplo, junto a ser humildes hemos de aceptar nuestra grandeza. No la grandeza del ego, que se vanagloria de la posición o prestigio, sino la grandeza de nuestro espíritu, de la pureza de nuestro ser y de nuestra capacidad de amar. Aceptar esta grandeza es verdadera humildad ya que nos capacita para verla y aceptarla en los demás.

Encontrar esta belleza interna también es un desafío porque hemos cultivado el hábito de mirar nuestros defectos. A medida que miramos en el “jardín” de nuestra mente, nos encontramos con un lecho de rosas plagado de malas hierbas. Entonces nos sentimos tentados a eliminar las malas hierbas de nuestras debilidades, malos hábitos y sentimientos negativos. Pero esto se puede convertir en una tarea desagradecida. Tan pronto como una se elimina aparece otra, entonces relajamos la vigilancia y vuelve a crecer de nuevo.

Primero necesitamos desarrollar y apreciar la belleza de nuestro jardín, que reside en las “flores” de nuestras cualidades puras y virtudes. Hay un santuario escondido dentro de cada alma que ya es completo y perfecto con cada virtud divina. Cuando viajamos hacia el interior encontraremos una llave para llegar a este lugar y descubrir nuestra pureza, inocencia y felicidad originales.

La llave es la paz y el conocimiento de que somos, en esencia, un alma pacífica. Esta es también la llave para alcanzar nuestra grandeza y libertad.
 
 
Belleza interna (II)
volver

No podemos reaccionar a las debilidades de otros a menos que éstas también sean las nuestras. Por el mismo razonamiento, sólo podemos apreciar la belleza y cualidades de los demás porque ya están en nuestro interior.

No podemos sentir que nos gusta la generosidad o serenidad de alguien a menos que sepamos qué son estas cualidades. Incluso si no son cualidades destacadas en nosotros, nos gustan porque sentimos que se pueden volver a manifestar en nuestro ser.

Si realmente queremos sanar nuestro corazón, tenemos que empezar a apreciar nuestra propia belleza a través de otros. ¿Qué es lo que podemos ver que es puro y virtuoso en los que me rodean? Pensemos acerca de ello. Realmente estamos viendo lo que es puro y virtuoso en nosotros mismos. Apreciémoslo. A medida que observamos la pureza y virtud de otros, realmente estamos aprendiendo a amarnos y a respetarnos incondicionalmente, a la vez que a dar amor y respeto a todos.

Con el estado de paz que genera nuestra conciencia espiritual, busquemos virtudes en todo lugar: tolerancia, amabilidad, apertura, compasión, generosidad... Pensemos acerca de estas virtudes y profundicemos en ellas hasta que su esencia impregne nuestro corazón, ya que su esencia es el amor.

Disciplinemos la mente de modo que no veamos, pensemos ni hablemos de los defectos y debilidades de otros, menos aun permitamos que su esencia penetre en nuestro corazón. Empecemos a controlar nuestra mente. Si tenemos el tipo de pensamientos erróneo, apliquemos un punto final inmediatamente. No tengamos una visión negativa hacia nadie.

Entonces estaremos cooperando con el amor de Dios; esto es espiritualidad y nuestro corazón se estará sanando. Hemos conducido nuestra mente al proceso de sanación y estamos retornando al amor. Pronto estaremos tan llenos de verdad que el dolor, el ego y el apego, simplemente no existirán. Sencillamente desaparecerán y se llevarán con ellos todas las malas hierbas del jardín de nuestra mente.

A medida que retornamos al amor, liberamos su poder y éste elimina nuestras debilidades y negatividad. Nos convertimos en la belleza y la grandeza que previamente habían sido un potencial que no se manifestaba.

 
 
La belleza del silencio
volver
El silencio es el puente de comunicación entre lo divino y el ser humano; en el silencio encontramos lo que es más preciado. El silencio espiritual es el que prepara el corazón y la mente para comunicarnos con Uno. No se trata de una comunicación basada en palabras repetitivas ni en teorías intelectuales, así como tampoco para pedir la satisfacción de deseos limitados. La comunicación sagrada es la armonía del ser original con el Uno Eterno.

El silencio espiritual me da energía pura y altruista de la Fuente Creativa para ir más allá de la rutina, abriendo horizontes ilimitados de nueva visión. Para liberar al ser de la negatividad, requiero silencio. Absorto en su profundidad me renuevo. En esta renovación, la mente se limpia a sí misma facilitando una percepción diferente de la realidad. La percepción más profunda de todas es mi propia eternidad.

El acto de silencio es tan necesario para la vida como el respirar lo es para la vida física. La fortaleza para vivir necesita encontrar un punto de quietud desde donde comienzo y a donde regreso cada día: un oasis de paz interior. El silencio trae mi energía mental y emocional a un punto de concentración donde encuentro la quietud. Sin esta quietud interna me convierto en una marioneta arrastrada aquí y allá por las muchas cuerdas de las influencias externas. Este punto de quietud interior es la semilla de la autonomía que corta las cuerdas y termina la pérdida de energía.

El silencio sana. El silencio es como un espejo. Todo está claro. El espejo no culpa ni critica, pero me ayuda a ver las cosas como son, dándome un diagnóstico que me libera de cualquier tipo de pensamientos erróneos.

¿Cómo consigue esto el silencio? El silencio revive la paz original del ser, una paz que le es innata, divina y cuando se invoca fluye por el ser armonizando y sanando cada desequilibrio. El silencio es completo y pleno, amable, poderoso y rotundamente activo.

Para crear silencio, doy un paso hacia el interior. Conecto con mi ser eterno, el alma. En ese lugar en que la tranquilidad está intacta, como en una matriz sin tiempo, el proceso de renovación y reestructuración comienza. Allí, se teje un nuevo patrón de energía pura. En este espacio de introspección reflexiono.

Recojo lo que he olvidado por un largo tiempo. Me concentro lenta y suavemente y mientras lo hago, las huellas originales espirituales de amor, verdad y paz emergen y se experimentan como realidades personales y eternas. A través de ellas la calidad empieza a entrar en la vida. La calidad es un acercamiento a algo más puro y más verdadero en nosotros. La calidad es el principio para tener un pensamiento más iluminado y para la integración de las acciones. En este espacio, el Silencio me enseña cómo escuchar, cómo desarrollar una apertura hacia Dios.
 
 
 
Brahma Kumaris Argentina (visite: www.bkumaris.org.ar)
Tel: (54-11) 4815-1811| Email: buenosaires@ar.bkwsu.org   

Otros Links de Utilidad: www.solounminuto.org

Copyright © 2003 Asociación Espiritual Mundial Brahma Kumaris