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Equilibrio y armonía | ||
Examinar y cambiar: la clave de la armonía interna | ||
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La armonía entre el yo y los demás se basa en el acierto de tres aspectos
del recuerdo: la capacidad para desconectar, conectar y reconectar.
Cuando desconecto mis pensamientos de las influencias de fuera, dando
un paso atrás a las acciones y las palabras, entonces puedo entrar en el
silencio y conectar con el yo. Para conectar con el yo, uso el pensamiento: Om Shanti. Este pensamiento es la corriente que activa mi fuente eterna de paz y las cualidades que emanan de mi paz. El primer paso en la meditación es siempre conectar con el yo: lo que llamamos el paso al interior. El siguiente paso en meditación es vertical, en el que, en un segundo, mi concentración conecta mi mente con la Fuente Suprema de Paz. El silencio y el amor dan a la mente alas para evadir la fuerza de la gravedad y volar y unirse con Él, el punto más puro de energía del universo. Esta conexión vertical desde el punto del yo, el alma, hasta el punto del universo, el Alma Suprema, da a la mente energía nueva y fresca. Esta energía fresca es poder divino y espiritual y no puede encontrarse en un ser humano ni recibirlo de él. Por lo tanto, si yo deseo recargarme a mí mismo, para redescubrir y restaurar el equilibrio y armonía originales de mí mismo, el segundo movimiento que hará mi mente debe ser vertical. Hoy en día, cuando el ser humano busca amor, sentido y objetivos, se conecta en primer lugar horizontalmente en vez de verticalmente. Eso lleva a una mayor pérdida de energía y, finalmente, a la insatisfacción y al vacío. La conexión vertical libera al yo de convertirse en dependiente de alguien más y de tener demasiadas expectativas. Después de la conexión vertical, puede haber la conexión horizontal con los demás, es decir, con lo externo. El movimiento horizontal puede llamarse “reconexión”. Cuando hemos dado los otros dos pasos (primero hacia dentro y luego hacia arriba), reconectamos con los demás sobre la base de la apertura y el compartir, en vez de basarnos en el egoísmo y el deseo. En este punto, hay una verdadera relación que es respetuosa y equilibrada, más que una relación de desear, agarrar o explotar. Hemos llegado a entender que si estamos bien con nosotros mismos, estaremos bien con los demás. Estos tres puntos de conexión son necesarios para una buena salud emocional y espiritual. Si sólo estoy conectado con el interior, existe un gran peligro de arrogancia y de perderme en mí mismo. Si sólo estoy conectado con la Fuente Suprema con poca referencia a mí mismo o los demás, existe el peligro de volverse rígido, fanático y poco realista. Si estoy demasiado centrado en los demás, entonces se crea una dependencia, que acaba en conflicto y desacuerdo. Lo último es un resultado inevitable de un exceso de atención a las relaciones con los demás, pensando que mi felicidad y el sentido de la vida me lo van a dar ellos. Si de verdad quiero reconectar con el mundo exterior, sólo puedo hacerlo eficazmente partiendo del punto estratégico de la conexión con el yo y con el Único. Estos tres puntos de conexión pueden ser representados en forma de un triángulo con el yo como un punto, después el movimiento vertical ascendente hacia el Punto Supremo. Después la conexión horizontal con los demás. Los demás necesitan tener su propia conexión independiente y personal con el Punto Supremo para revitalizar y renovar su propia conciencia. De esta manera, el triángulo de energía armoniosa se completa: Estos tres puntos tienen que estar equidistantes, no tiene que predominar más uno que el otro. El “triángulo equidistante” en la matemática antigua era el símbolo de la armonía. La armonía, la paz, el orden y el equilibrio son lo natural en la vida humana y, si deseamos regresar a esa condición, necesitamos darnos cuenta de la importancia de las relaciones equidistantes, lo cual requiere una constante atención en mantener los tres puntos en equilibrio y en funcionamiento. En cambio, si estamos demasiado centrados en alguna de los tres, nos volvemos inflexibles. Esta inflexibilidad nos causa un desequilibrio y la consecuencia es desarmonía y desunión, a las que también podemos llamar “violencia”, una condición no natural o incluso un infierno cuando alcanza un punto extremo. Para mantener el equilibrio entre los tres aspectos, necesito silencio: tiempo de introspección en el que puedo analizar el flujo de mis relaciones. Este mecanismo de análisis protege, sostiene y desarrolla las cualidades de estos tres puntos. |
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En mayor o menor grado, todos hemos tenido la experiencia de dar un
mensaje en el que no creíamos verdaderamente. O, en contra de nuestra
voluntad, tomar parte en una conversación sobre chismes. O decir o hacer algo que no coincidía con nuestros valores. Y aunque la causa fuera política, social o culturalmente correcta, como evitar herirnos o herir a otro, satisfacer las expectativas de los demás hacia nosotros, o decirlo o hacerlo porque “lo sentimos así”, esos pensamientos, palabras o acciones falsas tienen un efecto. Experimentaremos las consecuencias no sólo como una falta de armonía y conflictos internos, sino también en las relaciones con los demás. El estrés aumenta, la paz disminuye y el mundo se deteriora un poco más. Al alinear los pensamientos, las palabras y las acciones con los principios divinos y universales que gobiernan la naturaleza y la conducta humana, automáticamente reducimos las tensiones, porque actuamos desde una posición pura. Cuando las motivaciones se basan en valores correctos de acuerdo con las leyes fundamentales y naturales, pensamos, hablamos y actuamos de forma que se garantiza el éxito, los logros y la paz mental. Simplemente enfocándonos en nuestro interior se revelarán esos principios, esas verdades irrompibles, permanentes y fundamentales que trascienden todos los sistemas de creencia. Son leyes naturales y espirituales, y el conocimiento de esas verdades está en el corazón de cada alma humana. Son conceptos tales como la justicia y la paciencia, la honestidad y la integridad, la benevolencia y el respeto, la precisión y la flexibilidad y todas las demás virtudes divinas que son parte de nuestro potencial más elevado.de la persona le dirá cuando y cómo hacer esto. Todo tiene su momento. |
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