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Al aceptar incondicionalmente a los demás los ayudamos a que se
despojen de sus máscaras y se sientan a gusto con lo que son. La
seguridad de que se los acepta les da la libertad de ser ellos mismos,
y con ello pueden llegar a conocerse fácilmente y a aceptarse a sí
mismos. Alentar mi optimismo es el mejor modo de conservar la alegría. Para lograrlo puedo empezar el día meditando sobre cómo derramar luz y amor en las situaciones que se me presentarán a lo largo del día. Si luego me mantengo en contacto con el espíritu de Dios y con su benévola mirada, la felicidad interior que me embargará me ayudará a afrontar cualquier situación sin sentirme agobiado. A medida que crece nuestra fuerza espiritual, abandonamos el hábito de preocuparnos. Para nada sirve, como no sea para llenarnos de tensión y hacernos sentir desdichados. Cuando dejo de inquietarme por cosas que están más allá de mi control, y en cambio me concentro en crear pensamientos optimistas y bondadosos, mi vida se encauza en direcciones mucho más positivas. Al encarar la vida con espíritu liviano y optimista puedo afrontar con calma todo lo que ella me depare. Todos deseamos que nos amen por lo que somos. Cuando amo plenamente a los demás, refuerzo su autoestima y ayudo a que ellos a su vez traten con amor a los otros. Aunque no vea resultados inmediatos, el amor siempre está actuando. Si sólo doy mi amor a una o dos personas, éste acabará por extinguirse. Si aprendo a llenar mi corazón de amor y a brindárselo en silencio a todo aquel que encuentro, el amor embellecerá cada rincón de mi vida. Si comienzo cada día meditando en silencio y colmando mi mente de pensamientos positivos y llenos de amor, poco a poco desalojaré todo cinismo y hostilidad. Mi espíritu debe ser tan hermoso y acogedor que Dios mismo quiera venir a visitarme. |
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Hay muchos malentendidos sobre el amor. El amor verdadero no es un amor
egoísta. La característica del amor egoísta es que una relación termina si no
se recibe lo que uno desea. Es un amor lleno de expectativas, sin sinceridad
en el corazón. Crea dependencia y parece más un contrato que una relación.
Sólo estoy satisfecho si los deseos y expectativas se cumplen. Esto crea dependencia e incluso adicción, como una droga. El amor verdadero y espiritual no nos hace dependientes. Hace crecer la sinceridad y la verdad. Es la sinceridad la que nos muestra qué es el amor, y a su vez, el amor verdadero nos muestra qué es la sinceridad. Para experimentar el amor verdadero deberíamos preguntarnos: "¿Está limpio mi corazón? ¿Es sincero? ¿Está abierto?". Si no es así, si el corazón está roto o bloqueado, no será capaz de experimentarlo. La característica de un corazón limpio y abierto es que, de forma natural, nos permite experimentar sentimientos benevolentes y positivos hacia todos los demás. No acumula sentimientos negativos, ya que estos enferman y envenenan nuestro corazón, y después no es posible generar ni experimentar amor verdadero y espiritual. |
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El amor, probablemente, es el valor más elevado que todos los seres
humanos desean experimentar desde el momento del nacimiento hasta la
muerte. El amor verdadero y desinteresado se ha vuelto tan inusual que la
mayoría de las personas se cuestionan su existencia. El amor verdadero implica la capacidad de respetar a los demás tal como son y ser capaces de dar sin esperar un retorno por ello. Tal amor nos proporciona libertad y un espacio para crecer y expresar nuestra singularidad. A menudo, sin embargo, no mantenemos la distancia adecuada entre nosotros y aquellos a quienes amamos y entonces, en lugar de dar de manera desinteresada, empezamos a tener expectativas, demandas y sentimientos de posesividad. Cuando confundimos el amor con el apego, empezamos sin darnos cuenta a crear ataduras con los demás. Los signos del apego o posesividad son las preocupaciones, el miedo, la inseguridad, los celos y finalmente, el sufrimiento. Este amor no sólo destruye la amistad y las relaciones en general sino que nos hace perder el respeto hacia nosotros mismos, nos vuelve dependientes e inestables. Por supuesto, el ser humano necesita amor y respeto, pero hemos de comprender que no vamos a recibirlo sólo por pedirlo o esperarlo o considerando que es nuestro derecho. El amor y respeto de todos lo ganamos cuando comprendemos que el primero que debe darlos soy yo mismo. |
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Cuanto más damos a los demás, con una actitud altruista, es decir, sin
esperar un retorno por ello, más recibiremos, de no ser así puede que demos
mucho y no recibamos nada a cambio. En ocasiones, cuando el dar está mezclado con el apego, sentimos que queremos dar especialmente a alguien, queremos lo mejor para esa persona, pero detrás de este dar siguen existiendo expectativas. Y si esa persona no acepta lo que le damos o no responde a nuestras expectativas, nuestros sentimientos cambian. No hemos comprendido una ley básica espiritual: "No importa cuánto demos a los demás, depende de ellos cuánto quieran tomar". Nuestra verdadera tarea ha de ser mantener pensamientos positivos y sentimientos de cooperación hacía todos, no es nuestra tarea el preocuparnos por cuánto quieran tomar o no, o culparlos sí no toman nada. Cada uno es libre de escoger para sí mismo lo que quiere hacer y hasta qué punto. Lo importante es que nosotros estemos haciendo lo que es correcto; revisar esto es nuestro primer deber. Así, el amor y desapego permite que en las relaciones exista un espacio suficiente para que cada cual se exprese libremente, sin condicionamientos, sin sentirse influenciado ni presionado. Estas cualidades, equilibradas con sabiduría, favorecen unas relaciones sanas, verdaderas y estables. |
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El amor no es sólo un deseo, una pasión, un sentimiento intenso hacia
una persona u objeto, sino una conciencia que es a la vez desinteresada y
satisface el propio ser. Se puede sentir amor por el país de origen, por un
propósito apreciado, por la verdad, la justicia, la ética, por las personas, la
naturaleza, el servicio a los demás y por Dios. El amor emana de la verdad y de la sabiduría. El amor basado en la sabiduría es amor real, no es un amor a ciegas. Descubrir los secretos del amor es observar cómo se revelan los secretos de la vida. La base del amor real entre las personas es espiritual. Ver al otro como un ser espiritual, como un alma, es ver su realidad. Ser consciente de esa realidad es tener amor espiritual: cada persona internamente completa, autónoma, pero al mismo tiempo totalmente interconectada con los demás, reconoce ese estado en el otro. Como consecuencia, hay amor constante y natural. El amor verdadero se da cuando el alma tiene amor hacia el alma. El amor por el alma es eterno, ya que el alma nunca muere. Tal amor es virtuoso y proporciona alegría. El apego a lo perecedero es erróneo y causa sufrimiento. Cuando prevalece el amor espiritual, es imposible que haya enemistad, odio, ira o celos. Los sentimientos negativos se transforman en positivos gracias a la serenidad del amor. En el amor espiritual hay armonía, ya que el amor elimina las tendencias a controlar o a ser dependiente, y asegura la bondad, el cuidado y la comprensión amistosa. Amor espiritual significa no fijarse en las debilidades de los demás, sino interesarse en eliminar los propios defectos. El método para hacer eso es revisarse internamente con regularidad para verificar hasta qué punto se ha adoptado el hábito natural de hacer felices a los demás, en vez de hacerles sufrir. Sin embargo, el amor verdadero del corazón también significa que uno no puede soportar el ver las debilidades de aquellos a quienes ama. Hay un deseo puro de corregir lo que no nos parece adecuado. Tal corrección se llevará a cabo, por un lado, con los sentimientos de amor y, por otro, con el poder de las palabras. Debe haber un equilibrio entre los dos. Cuando las palabras son demasiado fuertes o excesivas, el resultado no es satisfactorio. Si las palabras son muy hirientes, el otro puede sentirse insultado o humillado por el autoritarismo. Cuando se consigue el equilibrio correcto entre amor y poder en las palabras se da a los demás la experiencia de compasión, misericordia y beneficio. No importa cuán poderoso o amargo sea el mensaje, conmoverá el corazón del otro y se experimentará su veracidad. Los seres humanos se han quedado atrapados en un modelo de comportamiento que ha distorsionado el valor del amor y la capacidad de confiar mutuamente en los sentimientos e intenciones. En un momento dado hay amor y en el siguiente, ese amor se rompe, produciendo un dolor y pesar inmensos. Es como si el intelecto humano hubiera perdido la conexión con la única Fuente eterna de amor y se apoyara en los recursos temporales. Como consecuencia, en lugar de poseer una sola fortaleza y un solo apoyo de la fuente incondicional, las almas humanas permanecen sedientas de amor verdadero, y lo anhelan aunque sólo sea una gota. Sin este amor, siguen buscando y vagabundeando angustiadas. El mundo piensa en Dios como la máxima fuente de amor, el Océano del Amor, la Llama Eterna. Dios da, de manera incondicional, amor imperecedero, universal y único. Imperecedero porque es ilimitado, constantemente radiante y siempre disponible. Universal porque no tiene límites ni preferencias, emana vibraciones amorosas hacia todas las almas de todas las culturas, razas y credos. Único porque el fuego del amor de Dios limpia el corazón y el alma. Los que se benefician de este amor restablecen los lazos de una relación eterna. Los que experimentan el amor espiritual de Dios, los que “se funden con la Llama Eterna de la Verdad”, se desconectan de toda falsedad. Tales personas han aprendido la primera lección de hermandad universal: que todas las personas sienten amor unas hacia las otras porque son hijas del mismo Padre. A esto se llama amor espiritual. Cuando el fuego del amor espiritual se enciende, las personas comienzan a ejercer el poder de la voluntad para liberarse de la esclavitud de las gratificaciones momentáneas. Se invierte tiempo y se hacen esfuerzos para edificar un estado interno en el que el amor se revele en el rostro y en cada actividad. Con la comprensión del amor espiritual, las personas se afectan menos por las circunstancias adversas. Contemplan las nubes negras y las tormentas como si fueran oportunidades para ejercitar su fortaleza y recursos internos. Su llama no se extingue aunque los demás no les ofrezcan amor. Superan los pensamientos que les pueden llevar a alejarse de una persona, un lugar o una tarea en particular. En cambio, existe la fe de que con determinación, sabrán crear una diferencia significativa y beneficiosa. Cuanto más esfuerzo se hace para amar, más amor se recibe. La chispa del esfuerzo es el amor, y verdadero amor por el esfuerzo significa eliminar cualquier debilidad que obstaculice el camino del amor. Se puede transformar un mundo entero mediante una visión de amor, una actitud de amor y acciones llenas de amor. El amor espiritual es fundamental para crear un mundo mejor, un mundo de verdad. En un mundo mejor, la ley natural es el amor y en una persona mejor, la naturaleza es amorosa de forma natural. |
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Entender la virtud del desapego nos aporta múltiples beneficios a muchos
niveles, tanto a nivel de las relaciones como en conexión con las
situaciones de la vida. Un desapego preciso está conectado con un estado de atención interno. Somos muy conscientes de nuestro ser espiritual, estamos estables en el auto-respeto. En este estado no hay miedo de cometer errores, ni sospechamos de los demás, ni adoptamos actitudes críticas o enjuiciadoras. Entonces automáticamente sentiremos desapego y una sintonía profunda con las escenas que la obra de la vida nos presenta. Algunos secretos que descubrimos: Si alguien no puede amarme es debido a que no estoy desapegado de su personalidad, de sus hábitos y de su naturaleza. El desapego es un espacio muy respetuoso entre mí y la otra persona, un espacio de amor y consideración que crea armonía entre nosotros. El desapego es un signo de cercanía precisa, no hay una relación de dependencia ni basada en expectativas. El desapego es esta virtud tan hermosa que fácilmente se nos escapa. En el estado de desapego y espiritualidad generamos sentimientos puros y benevolentes hacia todos. Los sentimientos puros, que vienen de nuestro ser interno, son inclusivos y acogen a todos, no son selectivos. Los sentimientos puros, en contraposición a las emociones demasiado intensas o descontroladas, son como un riachuelo que deja un rastro de frescor y fragancia. Las emociones necesitan ser filtradas a través del conocimiento espiritual, de la misma forma que se separa el oro de la aleación que ha reducido su valor. La cercanía con apego está basada en el egoísmo. La cercanía espiritual también mantiene una distancia respetuosa, pero no da sentimiento de distancia, ya que propicia unas relaciones livianas y llenas de armonía. Estoy disponible y abierto, pero no me enredo ni atrapo con los demás. Me mantengo calmado internamente y así la confusión y las emociones que generan intranquilidad simplemente se desvanecen. Amor y desapego son dos virtudes que conforman un delicado y hermoso equilibrio. Comprendiendo estas dos virtudes y cómo se complementan la una a la otra, y sobre todo, practicándolas ambas a la vez, podremos experimentar fácilmente relaciones sanas y armoniosas. |
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En lo más profundo de nuestra personalidad subconsciente guardamos la
experiencia del amor perfecto. En algún momento, hemos tenido esta
experiencia, y desde entonces hemos estado buscándola. Es justamente por
esta profunda experiencia interna que siempre estaremos insatisfechos con
cualquier tipo de amor falso. Aunque el amor falso pueda funcionar durante un corto tiempo, finalmente siempre sentiremos que falta algo y que lo que estamos experimentando no es amor auténtico y verdadero. Entonces se emprende la búsqueda una vez más. Nuestra búsqueda del amor perfecto finalmente nos impulsa a encontrar y experimentar el amor de Dios. Si tu compañero es Dios, aunque estés solo nunca te sentirás en soledad. Serás feliz, ya estés con otras personas o no. El amor de Dios es el que hace posible tal magia. Nos capacita para relacionarnos con amor y cooperación; nos convierte en fuentes de inspiración mutua. |
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Los pensamientos y los sentimientos de preocupación, temor y pesar no
nos sirven, sino que nos debilitan y no nos ayudan a encontrar soluciones
duraderas para nuestros problemas. En cierto modo, el problema son
ellos. Si tengo la fuerza suficiente para reaccionar ante una situación con
calma y tranquilidad, deja de ser un problema. Entonces se plantea la pregunta: ¿Cómo nos libramos de esos pensamientos y sentimientos? ¿Acaso no forman parte de la condición humana? ¿Cómo podemos mantener sentimientos positivos, cuando hay tantas cosas en el mundo que están mal, incluidos nosotros mismos? Cierto es que, cuando estamos débiles, no podemos hacer nada con esos sentimientos, que se apoderan de nosotros. Sin embargo, aunque puede que la debilidad esté muy extendida, no es nuestro estado natural. Cada uno de nosotros es fuerte por naturaleza, en principio. En ese contexto interior, el poder significa algo que está muy relacionado con la expresión francesa joie de vivre, o vitalidad, es decir, estar bien dotado de la energía del pensamiento y el sentimiento positivos y saber cómo usar y mantener esas reservas de una manera efectiva, reabasteciéndolas en una fuente interior. Cuando tienes ese poder, sientes amor por ti mismo, por los demás y por la vida. Cuando uno empieza a pensar de forma positiva, acumula poder y aumentan su confianza en sí mismo y su eficacia. Cuando permite la entrada de pensamientos negativos, es como si el alma empezara a hacer agua. Incluso los instantes de negatividad, como observar a los demás con mirada crítica, automáticamente ocasionan una pérdida. No se puede ser positivo y negativo al mismo tiempo. Si uno cae en rachas prolongadas de duda y crítica, tanto con respecto a sí mismo como con respecto a los demás, pierde toda la fuerza que tiene dentro. Ese tipo de pensamientos y sentimientos nos llevan a un estado de desconcierto, confusión y, porúltimo, depresión. Uno ya no tiene idea de lo que se supone que tiene que hacer ni de la manera de hacerlo. Se siente como un extraño en este mundo, sin amigos y sin sentido. Sin embargo, llega un punto en el que uno se da cuenta: «¿Qué me está haciendo esta manera de pensar y de sentir, a mí y a mi actitud y mi visión de los demás? Me está destruyendo.» Darse cuenta de eso puede ser doloroso, pero la experiencia demuestra que es el primer paso para recuperar el poder. Te das cuenta de que tienes que elevarte no sólo por encima de los pensamientos negativos, sino también por encima de los pensamientos inútiles y corrientes, porque ese tipo de pensamientos perturban tu paz interior y esa paz es necesaria para poder ser capaces de obtener la energía divina y acumular su poder. Cuando se agita la superficie de un lago, deja de reflejar el cielo o las colinas que lo rodean. Si tratamos de mirar dentro de él, no pasaremos de las ondas o las olas. El agua tendrá un aspecto turbio. En cambio, cuando está quieta, puedes ver las profundidades y, con un leve cambio de enfoque, también se puede ver la belleza reflejada desde arriba. Lo mismo ocurre con el ser. Antes de poder desarrollar amor, o incluso un profundo interés por nosotros mismos y por Dios, tenemos que fijarnos en la calidad de nuestros pensamientos; tenemos que volverlos apacibles y puros, tanto como podamos, mediante la voluntad y la determinación. Entonces nuestro interior se estará preparando para abrirse al amor puro y espiritual. |
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Cuando estás en paz puedes escuchar con atención y estar
completamente presente.
Esto es un acto de amor que los demás agradecerán. De la paz nace el
amor y se manifiesta en la forma de respeto y aceptación. El amor no es sólo un sentimiento, si no que se demuestra en las palabras y en las acciones. El amor es la fuerza que te da vida. Cuando recibes amor pierdes el miedo y eres capaz de dar lo mejor de ti mismo. La forma práctica del amor es el respeto. Respeto significa aceptar que cada individuo es único y distinto, pero que a la vez, tiene algo importante y valioso que aportar. Una madre enseña a su hijo con amor y paciencia hasta que el niño poco a poco va aprendiendo. Conviértete en una madre y enseña a tu mente a tener pensamientos positivos y a dejar de tener preocupaciones. Entonces cuando quieras estar en paz, tu mente te obedecerá. Muchos creen que la felicidad se consigue a través de la riqueza material, y es verdad que te da una sensación temporal de bienestar. Pero, no es más rico el que más tiene sino el que menos desea. Ser feliz es el fruto de la apreciación de todo lo que la vida te ofrece cada día, a cada momento. Aprende a leer la realidad con otros ojos y habrás aprendido el arte de permanecer pacífico y feliz. Cuando ves problemas sientes miedo y tensión, cuando ves los problemas como tus profesores, aprendes la lección, maduras y te fortaleces. La felicidad es el fruto de la riqueza, pero, ¿de qué riqueza? A menudo la riqueza material trae consigo el miedo a perderla. La auténtica riqueza es la de la sabiduría, que te permite vivir la vida como una expresión de tus valores internos. La felicidad crece cuando haces algo por ti y para los demás. |
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